Mi video personal

El Delfín



Creo que casi todas las personas nos hemos preguntado alguna vez, cual es el animal con el que nos identificamos.

Hace unos meses, en mi ultimo trabajo, apareció repentinamente en la oficina un compañero que se sento frente a mi escritorio, y desde el primer instante que lo ví aparecer, me llamó mucho la atención un libro que tenia en la mano.
Mientras conversabamos respecto a cuestiones laborales, yo no podia quitar el ojo de aquel libro; extrañamente aquel ibro me seducía obsesivamente para averiguar de que se trataba: Era pequeño, de no mas de 100 paginas, y al final, ya no pudiendo con mi genio, tomé el libro que lo habia dejado sobre el escritorio, y en la parte frontal llevaba el titulo de "El delfín", de el escritor peruano Segio Bambarem.

Me dijo que lo había comprado para su hijo, que era un libro muy bonito y que enseñaba a los niños a triunfar en la vida. Al darle una leida preliminar a unas de sus paginas, supe que aquel libro tenía una conexión especial conmigo, sentí que encontraria algunas respuestas en él. La hoja que tomé decia así:

"Llega un momento en la vida en que uno no puede sino seguir su propio camino.Es el momento de perseguir los sueños, de defender los principios en los que se cree."
"Caer en la más profunda desesperación nos ofrece la oportunidad de descubrir nuestra verdadera naturaleza.Del mismo modo que los sueños se cumplen cuando menos lo esperamos, hallarás inopinadamente las respuestas a las preguntas que te haces. Deja que tu intuición construyaun sendero de sabiduría,y que la esperanza borre tus temores."
"Quizás amar consista a veces en renunciar al otro,e n saber decir adiós,en no dejar que nuestros sentimientos interfieran en lo que probablemente será el fin, en ayudar a quienes amamos."
"El descubrimiento de nuevos mundos no sólo te aportará felicidad y sabiduría, sino también tristeza y temor.¿Cómo podrías valorar la dicha sin haber experimentado nunca la tristeza? En última instancia, el gran reto de la vida consiste en superar nuestros propios límites, ampliándolos hasta lugares a los quejamás habríamos soñado llegar."
"Talvez resulte muy difícil lograr que los sueños se hagan realidad. Tal vez si tratamos de ahorrar esfuerzos,olvidemos la razón por la que comenzamos a soñar y al final descubramos que el sueño ya no nos pertenece.Tal vez si nos limitamos a seguir los dictados de nuestro corazón, alcancemos al cabo de un tiempo nuestra meta. Recuerda:Cuando estés a punto de rendirte,cuando pienses que la vidaha sido injusta contigo,recuerda quién eres.Recuerda tu sueño."
"Existen cosas que no puedes ver con los ojos.Debes verlas con el corazón,y eso es muy difícil."
"Las decisiones constituy en una forma de definirnos. Son una forma de dar vida y significado a las palabras, a los sueños.Son la forma de permitir que seamoslo que queremos ser."***"Algunas cosas siempre serán más fuertesque el tiempo y la distancia,más profundas que las lenguasy las costumbres,como el hecho de perseguir los sueñosy aprender a ser uno mismo."
"Todos tenemos sueños. La única diferencia es que algunos se esfuerzan constantemente en alcanzar su destino, sin importarles los riesgos, mientras que otros renuncian a sus sueños para no perder lo que poseen. No saben cuál es el auténtico objeto de su vida."
"El delfín revela el misterio oculto en el corazón de quienes aman la mar, y sus palabras sencillas y sinceras nos entregan un mensaje que tiene valor universal: todo ser que busque su propio bien espiritual deberá recorrer su propio camino, olvidando el miedo y desoyendo las críticas".

Hace unos día se estrenó la pelicula animada de producción peruana, inspirado en esta gran obra, que quizas le haya descubierto el mundo a mucho otros al iagual que a mi. Diego Torres - mi cantante favorito - canto la canción de la pelicula y cuya letra nuevamente hace palpitar mi alma y corazon:




El Delfín
Quiero ser parte del horizonte
nadar contra la corrientey abrazar mi soledad
quiero ser parte de un nuevo mundo y buscar en lo profundolo
que todavía no pude encontrar
quiero cruzar y los miedos dejarlos atrás
vuelvo a empezar algo nuevo y en otro lugar
y luchar por una vida diferente
quiero seguir, puedo soñar,
quiero perderme en la aventura del mar
pero para vivir, debo arriesgar
sin apartarme del camino
quiero ser la voz de mis errores
aprender de mis aciertos y en la espuma de las olas despertar
quiero hacer lo que nunca he podido
buscar lo que no he conseguido y en el brillo de la noche dibujar
quiero cruzar y los miedos dejarlos atrás
vuelvo a empezar algo nuevo y en otro lugar y luchar por una vida diferente
quiero seguir, puedo soñar,quiero perderme en la aventura del mar
pero para vivir, debo arriesgarsin apartarme del camino y de mí fe
yo naci para vivir en libertad
se que asi podre encontrar mi felicidad
quiero seguir, puedo soñarquiero perderme en la aventura del mar
pero para vivir debo arriesgar
quiero perderme en la aventura del mar.



Soy Kike Alejandro Delfín.

Mi amigo el camionero


Ya tenía una semana recorriendo suelo brasileño en el estado de Paraná. Definitivamente el contraste del paisaje en comparación con el árido suelo de la costa peruana, de alguna forma motivaba que mis pensamientos se desviaran en la nada observando los prados, los pueblos, las casas, y el accionar rutinario de las personas que seguían con su vida, mientras que yo iba descubriendo el mundo solitariamente, rodando al lado de la carretera, cuidando siempre de no ser arroyado por algún camionero loco.

Aquellos días yo solo tenía la gracia y la simpatía de los niños, jóvenes y adultos, que al verme entrar por las ciudades pequeñas me miraban con una curiosa extrañeza; otros más osados se me acercaban e intentaban sacarme alguna información de mi todavía inexistente vocabulario portugués, el cual era superado por los gestos chistosos que hacía para dejarme entender o para aprender el significado de algo que aun no estaba procesado en mi inconsciente. De hecho que aquella escena debería haberles parecido tan graciosa, casi simiesca. dado que mis gestos seguro pudieron haber sido emulados por los de un primate. Pero todo valía. Al fin y al cabo de alguna forma tenía que comunicarme hasta que encontrara el modo de entender el portugués.

Luego después de estas amistosas pláticas que por lo general se daban a la hora del almuerzo, montaba mi bicicleta nuevamente y me despedía efusivamente de la gente respondiendo los gestos de adiós que me regalaban con sus manos. En la carretera, no faltaba un camionero o automovilista que me hiciera señas o simplemente me pasara la voz tocando la bocina, y por alguna razón desde que salí de Perú, estos sonidos ya me eran tan familiares que hasta significado tenían para mí en algunos casos: ¡vamos tú puedes!, ¡Hola!, ¡Salte de la carretera huevón!, ¡Que pelotudo para viajar de esa forma! En fin, muchos otros significados con los cuales interactuaba a diario en mi accionar por las carreteras y que me acompañarían por todo el suelo Sudamericano. No falto un auto en Argentina que cruzo muy cerca de mi y una chica saco medio cuerpo por la ventana y me enseñó las tetas; quizás aquello significó que me merecía un estimulo a tanto esfuerzo desplegado.

Sería cerca de la ciudad de Arapongas, a unos 90 km de la ciudad de Maringá, en donde mis fuerzas para continuar la jornada me abandonaron justo en una gasolinería - al margen debo decir que ya desde un buen tiempo las gasolinerías se habían convertido en mi hotel 5 estrellas: Nunca me falto ducha, agua caliente, y café gratis para aplacar el frío de la noche -. Me acerqué hacia el minimarket y conversé con el que resultó ser el administrador de la gasolinería, quien amablemente me cedió un lugar para tender mi carpa cerca de la llantería o la borracheria en portugués.

No obstante, había llegado conmigo un camión que se estacionó muy cerca y un viejo como de unos sesenta años, alto de nariz aguileña, colorado, con sombrero de alas largas, bajó de la cabina y se dirigió para la tienda. Hasta ese momento creí pasar por desapercibido de todos los camioneros que comenzaron a llegar y que se estacionaban en las inmediaciones de la gasolinería. Algunos entraban al baño: Pedían la llave al dueño para darse un duchazo y luego regresaban a sus cabinas donde daban una siesta; otros se juntaban para jugar una partida de ajedrez o póker, y otros iban a la tienda comprando latas de cerveza para entretener la noche.

Yo mientras tanto peleaba desmontando mi bicicleta para ganarle a la noche que me caía encima, y me apresuré a armar mi carpa como pude. Luego metí mis alforjas y todo el equipo dentro de la carpa, encadené la bicicleta - "por si las moscas" - cerca de un yunque que estaba fijo en el suelo. Después me fui al baño a tomar una ducha, y no fue difícil notar, que mi presencia, por alguna razón, llamaba la atención de los camioneros que también esperaban turno para ducharse. En el entretanto, hice algunas amistades que iniciaron la conversación con las clásicas preguntas de mi proveniencia y del como había llegado hasta ese lugar, convirtiéndome en el motivo de exclamación por tan exagerada idea de pedalear hasta el hartazgo, y cuyos incrédulos, a pesar de todo, solían convencerse expresando efusivamente un "Que Coragem".

Después de la ducha me metí en la carpa y me acomodé para escribir mi diario matando el hambre con unos wafers de chocolate que había comprado en la tienda. Fue entonces que la voz garrasposa de alguien que tocaba mi carpa llamó mi atención y saque mi cabeza para ver de quien se trataba.

- Oi menino! tudo bem? - me dijo el camionero viejo que vi bajar de aquel camión. - Vocé quér uma cerveja! - me volvió a decir muy sonriente, invitándome a salir para tener una plática con él.

Definitivamente hacía mucho que no probaba una cerveza, casi un mes desde mi estancia en Asunción del Paraguay y no objeté para nada aquel ofrecimiento, que en mi caso, se podría comparar con el mito de Moisés la lluvia de pan en el desierto.
- Que Coragem! - Exclamó cuando observó mi bicicleta encadenada al yunque. - De donde é voce? - me volvió a preguntar.

Ciertamente la conversación inicio por respondiendo que era peruano, que tenía seis meses desde que inicié el viaje y cuatro desde que volví a dejar mi país, para llegar hasta ese momento en que disfrutaba de una conversación a la intemperie de la noche, con alguien que aunque no comparado conmigo, tenía más experiencia en la carretera, y ese día, por una razon extraña, entendía a la perfección todo lo que el viejo me contaba sobre su niñez, sobre la vez que con su novia viajaron a dedo hacia la Argentina, pero nunca dejó de exclamar que lo mío era de otro planeta y que a él nunca se le hubiera ocurrido hacer algo semejante pero le gustaba.

Me llevó la tienda, en donde ya se había iniciado una fiesta aparte: Las mesas se llenaron de camioneros que bebían sus cervezas, y la música a ritmo brasileño amenizaba la conversación a la cual también me sume ya con unos tragos encima. No sé en donde escuche aquella frase que dice que solo se necesita alcohol en tu sangre para hablar o entender cualquier idioma, y lo comprobé ese día. El viejo, mientras seguíamos conversando sobre geografía peruana comparándola con los caminos que yo estaba conociendo en Brasil, me invitó un churrasco, asado, parrilla o como ustedes lo puedan conocer mejor, y llené mi estomago con un deleite sin precedente en mi vida, que hasta mi nuevo amigo se sorprendió que en mi cuerpo tan diminuto y delgado entrara tanta comida.

Esa noche termninó para mí como a media noche, hora en que me despedí de todos, y en donde mi estomago había digerido todo lo que había tragado. Mi amigo me acompaño con su mirada desde la puerta de la tienda hasta cuando me metí en la carpa y quede dormido profundamente.
A la mañana siguiente el viejo me pasó la voz a las cinco de la mañana, tal y como lo habíamos acordado en la noche anterior, ya que me había ofrecido darme un aventón de unos 90 km., lo cual me dejaba a unos 5 km. de la ciudad de Londrina.
Subí la bicicleta en el furgón del camión y yo me acomodé plácidamente en la cabina, teniendo durante el camino nuestra última conversación hasta después de unas dos horas se estacionó en la berma, y con un afectuoso saludo de manos, me deseo "Boa Sorte", y siguió su camino.

Desde aquel día, todos los camioneros que conocía en la ruta, se convirtieron en mis mejores amigos, aplacando de esta forma mis sentimientos de soledad que era colmados con el interés común de personas para conmigo, como lo es la carretera y el sin numero de historias que ella te brinda. Nunca supe el nombre de este viejo, se me olvidó por la rapidez de los acontecimientos, pero donde quiera que ahora esté Muchas Gracias!
Para ellos un tributo en esta vieja cancion que me trae muchos recuerdos.

A todo Pulmon

Hoy hablo a través de las canciones, porque las palabras las tengo como dormidas, como buscando en el aire y nueva forma de hablar.

A todo pulmón
Que difícil se me hace
Mantenerme en este viaje
Sin saber a dónde voy en realidad
Si es de ida o de vuelta
Si el furgón es la primera
Si volver es una forma de llegar.
Que difícil se me hace
Cargar todo este equipaje
Se hace dura la subida al caminar
Esta realidad tirana
Que se ríe a carcajadas
Porque espera que me canse de buscar.
Cada nota cada idea
Cada paso en mi carrera
Y la estrofa de mi última canción
Si cada fecha postergada
La salida y la llegada
Y el oxígeno de mi respiración
Y todo a pulmón todo a pulmón.
Que difícil se me hace
Mantenerme con coraje
Lejos de la transa y la prostitución
Defender mi ideología
Buena o mala pero mía
Tan humana como la contradicción.
Que difícil se me hace
Seguir pagando el peaje
De esta ruta de locura y ambición
Un amigo en la carrera
Una luz y una escalera
Y la fuerza de hacer todo a pulmón.

El caos de Lima

Hasta después de tres años de viaje regresaría a mis orígenes apostando por el descanso emocional de estar - "por así decirlo" - en un lugar seguro cerca de mi familia y de mi gente.

Volví a pisar a Lima después de seis días de viaje desde Rió de Janeiro. Los recuerdos del viaje se encofraron inmediatamente en aquel baúl que suelo utilizar para hermetizar y blindar lo que no quiero exponer ante la depredación del mundo, el desorden colectivo, y las insensibilidades de la vida. Ni bien toque el suelo limeño, experimenté una atmósfera de terror, como quien dice, mirando a todos lados sin saber que hacer o a donde ir, sintiéndome un extraño en mi propio país.

Faltaba algo que sin dudas había quedado atrás: Quizás el mar de rostros que ya comenzaba a extrañar, los días de asado con mis amigos de Rosario en el club Mitre, y las tardes de futbol en el atardecer de Rio de Janeiro; hasta la certeza de que una nueva aventura viniera junto con un nuevo rostro para darle esa pizca de emoción y adrenalina a mi vida. Sin embargo, en frente tenía el objetivo de intentar reinsertarme al sistema, mejor dicho, llegar a casa, descansar unos días, buscar un trabajo, volverme un consumista mas del montón, ahorrar un poco, y considerar la opción de hacer mis planes de viaje en "otro level": África o China.
Nada mal para un soñador empedernido a pesar de no tener diáfanas las ideas, pero a estas alturas a quien le importa. Al final ya muchas cosas había obtenido con tan solo pronunciarlas, y cuando menos me daba cuenta, llegaba a muchas otras en el afán de llegar a lo primero. En fin, todo sabía muy fácil considerando todas las implicancias y los extremos que aprendí a sobrellevar como viajero, pero tal y como lo digo siempre que alguien me pregunta respecto a que es lo que necesita una persona para lograr grandes proezas, en ese momento me faltaba lo mismo: Estar preparado psicológicamente para los cambios bruscos, y vaya cambio.

Mientras hilvanaba mis ideas, la desesperación colmaba la jovialidad que las personas habían conocido en mí, para convertirme nuevamente en el ente gruñón y malhumorado que había olvidado ser por completo. Bueno, ni tanto, ya que la vez que me enfurecí de la misma forma, me encontraba en algún paraje de Bolivia, sin agua, sin comida, empujando o cargando mi bicicleta por las quebradas, y con mi deshidratado animo de padecer una infección estomacal. Aquel día renegué al punto de patear mi bicicleta tantas veces como soñé en emprender un viaje que pensé seria simple y placentero. Pero esto no se podía comparar con aquel día, imposible jamás: Dos horas y no pude tomar un solo ómnibus para regresar a casa. Perdón, aquí no se llaman óbnibus, aquí se llaman combis, un seudo sistema de transporte que no garantizaba ni la mas mínima calidad de servicio de transporte, ni mucho menos alivianarle el estrés a alguien que viene viajando días con el deseo de llegar y comer los mejores platillos de mamá. No señor, muy por el contrario lo tienes más complicado que EEUU volverse socialista, más si en tu cuerpo llevas 35 kilos de equipaje en dos mochilas.
Ni el hombre araña podría viajar en Combi; al menos él puede viajar sin caerse o ser estrujado, aunque triturado - palabra correcta metafóricamente hablando - por un mar de gente que sigue subiendo y se acomoda como puede, mientras que el espeso de ese bicho llamado "cobrador" sigue llamando mas gente con las clásicas frases de "el carro tá vacío", "avanza pe chochera", "al fondo hay sitio", "aguanta", "pie derecho", hasta llegar a la odiosa palabra de "a ver pasajes con sencillo", haciendo sonar un puñado de monedas con sus manos, como cobrándote una deuda que nunca has querido pagar. Lo peor de todo es que ni siquiera tienes espacio para meterte la mano al bolsillo o ver con cuanto estas pagando. Yo "ni loco" pensé después de imaginar estas situaciones, así que opté por tomarme un taxi como mereciéndome tomar un descanso al estrés de mi largo viaje.

Finalmente llegue a casa; mi madre me recibió con un gran abrazo al igual que todos mis hermanos. En seguida miré la mesa; estaba tendida justo para comenzar la cena. Camine hasta el comedor, dejé caer mis mochilas en el suelo, y observé cada rincón de la casa, la cual había cambiado mucho desde la ultima vez que la había visto; es mas, creo que mereció mi partida porque de alguna forma atribuí aquel cambio con mi partida y mi regreso, para de esta forma ver las cosas habían cambiado, pero en el fondo el que había cambiado a ver las cosas era yo.
Por alguna razón me sentí extraño ese día, contento pero al mismo tiempo temeroso, nervioso de saber que me tocaría vivir en adelante. Sin más preámbulo, pasarían dos días y me puse a buscar trabajo con la idea de ahorrar un poco y después regresar a Rosario, porque en ese momento entendí que ya no pertenecía a ese lugar. Cinco días después busque una habitación, porque me encanta la idea de vivir solo, de liar con mis propios problemas. No es un lugar acogedor pero tampoco necesito grandes cosas, solo un computador conectado a Internet para sentir que estoy al tanto de todo, en todas partes, en los lugares que mas extraño.

Hoy tengo un puesto como jefe de almacén bien remunerado, pero sin dudas no es un trabajo que me motive a perpetrarme aquí nuevamente. Muy por el contrario me siento preso del trabajo, me siento cómplice del sistema opresor al que suelo discrepar. No obstante, hace poco me comunicaron un nuevo ascenso, que sin dudas se va amoldando a lo que a mi me gusta vivir, ocupando un cargo en la sucursal de Ecuador de la empresa donde trabajo.

Ando como buscando, busco como soñando, sueño como andando.

El día que perdí mi bicicleta





Cuatro años antes de iniciar mi viaje por Sudamerica, y mucho antes de saber que algún día lo haría montado en una bicicleta, conocería a través del Internet a una chica Brasileña de cuyo nombre no quiero ni acordarme, pero a la que simplemente voy a llamar Flavia.
Conocerla entonces fue lo que años después me motivó a incluir a Brasil dentro de mi itinerario aventurero, claro está que de haber sabido lo que aquella ilusión me costaría, hubiera puesto mucha atención a lo que mi amigo Ruben Gomez me dijera alguna vez mientras tomabamos unas cervezas:

"Te he conocido bien en todo este tiempo y encontré una gran virtud que puede a la par ser un gran defecto para tí. Tu no eres de las personas que hacen las cosas siguiendo la razón, muy por el contrario te dejas llevar mucho por el corazón, y aunque sé que llegarás mas lejos de lo que tu mismo imaginaste gracias a tu espíritu idealista, es probable que abandones el viaje o quizás logres tu cometido extralimitando sobre humanamente la esencia de tu propio ser".

Cierto día, a mediados de Mayo, nos encontrábamos en Potosí revisando nuestros correos en un cibercafé. Ruben me mostró el e-mail de una mujer de Buenos Aires de nombre Paula, en donde le decía lo mucho que lo admiraba y le decía sobre las ganas que tenía de conocerlo personalmente. Hasta allí todo bien, porque al parecer se trataba de una de esas fans que querían estar pendientes de las aventuras del viaje, pero desde aquel día el interes de esta mujer fué creciendo al punto de muchas veces observar a Ruben con ganas de tomar un omnibus y llegar a Buenos Aires.
Lo cierto es que inconscientemente el deseo de Ruben no era conocer a Paula, sino que por el contrario, en comparación conmigo, el ya tenía siete años viajando en bicicleta por el mundo, y se sentía un tanto cansado del viaje, tanto que no veía la hora de llegar a la Patagonía y poder decir "misión cumplida" poniendo sus pasos en Ushuaia, la ciudad mas austral del mundo, objetivo que ambos compartíamos por orgullo, y de hecho que el aprovecharía cualquier situación en la que pudiese apurar tan ansiado sueño, lo que por mi parte no me convencía porque yo recien era un novato en estos menesteres, y ahora que lo pienso, el nunca me abandonó porque sabía que yo aún no estaba preparado para andar solo.
Un mes después, habíamos recorrido en quince días el norte Argentino, habiendo atravezado en tiempo record 1850 km. aproximadamente en 10 días, y sin predecirlo, ya nos encontrábamos por fin en Asunción, en donde fuimos muy bien recibidos por el cuerpo de bomberos azules en el barrio de Villa Morra, quienes amablemente nos ofrecieron el techo del cuartel donde tendimos nuestras carpas. Ya era Junio y el mundial de futbol se vivía en Paraguay a lo grande. Por aquella época tuvimos unos 17 días mas que suficientes para descansar y reponer energias del agotador viaje que tuvimos en Bolivia. Tuvimos una entrevista en la radio, en la Tv, y las notas de los diarios, asi como tuvimos tiempo de hacernos apuestas de ser los primeros en conquistar mas chicas hasta el día que nos separemos en Ciudad del Este. Lo cierto que esa apuesta me costo 25 dolares; una tarde Ruben salió del cuartel para encontrase con un paisano mexicano que era un productor de televisión en Paraguay, y no volvió hasta el día siguiente con camara en mano mostrandome las fotos de la orgía que se había metido la noche anterior.
- ¡Dos modelos! ¡hijo de puta! - le dije, en vista de que ya no podía competir a tal magnitud.
- ¡Chupate esa cabrón! - respondió riendose a carcajadas, sellando de esta forma mi cruenta derrota seductora.
Cierta mañana revizando nuestros correos, me mostró como Paula se quitaba la ropa frente la web Cam bailándole como una gata en celo, quedando solamente en ropa interior.

- Dice que lo hace para que apresure el viaje. - me dijo riendo - ¿Como la ves pinche culero? - agregó.

- Dale duro hermano... Dale muy duro por sinvergüenza - Le respondí riendo también, observando extasiados el monitor y el espectáculo gratis.

Yo por en cuanto seguía manteniendo contacto con Flavia, a quien a pesar de mis dudas le decía con firmeza que nos conoceríamos cuando estuviera en São Paulo. Sin embargo la incertidumbre de llegar a un terreno desconocido me daba miedo; claro que en comparación a una mujer que se desnudaba "On - Line", y prometía hacer "cositas ricas", era sensato pensar que yo no tendría la misma suerte porque hasta ese momento a mi solo me tocaba mantener un perfil bajo y conservador con Flavia.

- "Te va mandar a la mierda" - me decía a veces para despertar mi mal humor, y se cagaba de risa.

El 6 de Julio despertamos muy temprano, montamos nuestras cosas, y llegamos hasta una avenida en donde después de conversar un poco, revisar unos mapas, y desearnos mucha suerte, nos estrechamos fuerte las manos y nos despedimos por última vez con un fuerte abrazo. Nos separamos llegando a una esquina y así tomamos destinos opuestos en la búsqueda de nuestros sueños personales, para reecontrarnos nuevamente con nuestros propios destinos: Él para Buenos Aires y yo para São Paulo.
No fué hasta diciembre cuando recibí sorprendentes noticias suyas en un correo muy largo que lejos de reirme un poco, aplacó en parte el momento difícil que yo estaba atrevesando, en donde me contaba sus pormenores de la siguiente manera:
Ora pues! pinche peruano, ¿Que cuenta tu cara de llama triste? Te cuento que yo llegué muy bien a Buenos Aires después de separarnos. Conocí a Paula y a sus hijos, conviví con ella durante tres meses, pero me empezó a dar miedo la forma de absorberme la condenada, ya que no podía estar sin la cogedera todo el tiempo. Pero yo ahí, feliz como una lombriz, ya que me trató bien chido y hasta me daba de comer peor que a cerdo que llegue a subir diez kilos en un mes. Pero bien, ya que después de todas las porquerías que comíamos durante el camino, a poco que me hacía falta comer algo decente ¿No crees?, andábamos ya muy flacos. Espero que tu pinche hembra en São Paulo te haya tratado bien también.

Me matricule en la escuela de música que te había comentado, y aproveché el tiempo en perfeccionar la batería. En la escuela conocí a una chica que tocaba el piano, y como veras, fiel a mi estilo, no quise perder la oportunidad de que me tocara otra cosa también, y vaya que si sabe tocar. Salí con ella en las siguientes semanas, hasta que un día la pinche Paula se comenzó a dar cuenta de que en las noches a su "Chapulín" ya no le funcionaba su "chipote chillón" y como que se puso a sospechar.
Cierto día llegué en pedo y me olvidé de esconder los condones que llevaba en el bolsillo y me dormí con ellos sobre la cama. Híjole! no sabes la que se armó. La Paula se puso como histérica y me mandó a la verga ese día. En un taz me puso de patitas en la calle, y encima me lanzo la bicicleta desde el segundo piso, que por poco me cae en la cabeza, fijate pues.

Nunca llegué a Ushuaia pero si conocí parte de la Patagonia Argentina. Después, me fui para Uruguay y me quedé en Montevideo, y aunque sé que no me lo vas a creer, salí conociendo a la mujer de mis sueños. Estoy tan seguro que ella es lo que andaba buscando en el viaje que nos vamos a casar dentro de una semana.

¿Sigues allí culero? espero que la noticia no te haya desmayado, pero en serio me gustaría que vinieras a mi boda, ya que es el momento mas feliz de mi vida.

Bueno mí estimado amigo Kike, espero que las cosas te estén yendo bien, te lo mereces. No te olvides de escribirme sobre ti cabrón.

Un fuerte abrazo.
Rubén.

Mientras el aire festivo y nupcial acompañaba a mi compañero de aventuras, yo atravesaba una de las crisis más grandes que me había tocado sobrellevar sumido en la depresión y la decepción amorosa. Fue muy tarde cuando llamé a la tienda de bicicletas en la ciudad de Rivera en Uruguay.
- Muy tarde, ya la vendimos- fue lo único que me dijo el encargado de la tienda, quien días antes me había ayudado con el pasaje de regreso a São Paulo, comprándome a ojos cerrados mi bicicleta.
Me dejé caer de bruces sobre el piso cuando supe que mi viaje había terminado. Lo peor de todo que de la manera mas absurda e increíble que a mi se me pudo haber ocurrido. Entonces entendí que a veces el corazón nos juega malas pasadas, y hubiera sido mejor intentar terminar el viaje para después comprobar si mis teorías en cuanto al haber encontrando lo que yo andaba buscando en mi viaje estaban en lo cierto.

Nunca en mi vida quise regresar en el tiempo y poder estar justo en el 4 de noviembre, fecha en la que supuestamente partiría en mi bicicleta desde São Paulo hacia la Patagonia Argentina, pero el corazón cegó a tal escala mi razón, que durante el trayecto me lamenté el no poder quedarme mas tiempo del que yo hubiera deseado al lado de Flavia.
Me pregunté mil veces si ella era lo que yo había estado buscando en mi viaje, pero como saberlo si en ese momento yo ya me encontraba nuevamente en la aventura, con el peor conflicto que puede tener alguien que cae en la confusión de sus sentimientos encontrados: El conflicto entre el corazón y la razón, y cuando te encuentras en estas situaciones, es difícil retomar la brújula y el sentido a la vida, si no cierras una historia primero; el problema era saber cual historia cerrar y yo escogí la errada.

Fue en la ciudad uruguaya de Rivera, en la frontera de la amistad que comparten Uruguay y Brasil, en donde aquella respuesta salió a flote en el momento que yo he catalogado como uno de los mas desastrosos de mi vida, cuando decidí dejar el viaje, vender mi bicicleta, y con el dinero comprarme un pasaje de regreso a São Paulo, para de esta forma "Tomar al toro por los cuernos", pero cuando llegué me convertí en el "toro con cuernos" que quise atrapar. El hecho es que mi idea de darle una sorpresa a Flavia, resulto siendo un boomerang que me cayó en el corazón.

Días después de este hecho y cuando las cosas ya estaban consumadas en cuanto a mi viaje, recibiría el e-mail de Rubén contándome los pormenores de su futura boda. Fue aquí que descubrí que el amor es una enfermedad que te hace cometer las cosas más imperdonables, como sacrificar o cambiar tus sueños, o vender lo más preciado que tienes en ese momento. Aunque pensé que el precio de ello sería retribuido con una felicidad rebosante por regresar al lado de mi amada Flavia, lo que me toco vivir en cambio fue comerme humillaciones, orgullo, y cuatro litros lagrimas, mas una navidad y año nuevo en la más profunda de las tristezas y depresión que nunca imaginé pasar.

Me tomó cuatro meses superar las heridas de este amor, así como la resignación de haber perdido a "Pamela"- mi bicicleta -, pero ya con un poco mas de fuerzas me abrí camino para soñar nuevamente y recuperar el viaje que había postergado, y cuando me resigné a que los humanos a veces tenemos nuestros "cinco minutos de cojudos" - tal y como decía mi madre - le puse buena a cara a todo , dejando que la paz y el perdón volvieran a mi para abrirme camino a nuevas historias, así como la oportunidad de curarme el sabor amargo del amor, conociendo en Argentina a una mujer que, sin esperarlo, me ayudó a cicatrizarlas heridas, comprendiendo siete meses después de su partida, que lo hermoso de la vida está en lo que debes disfrutar y tomar en el momento que se te presenta para llevarte lo mejor de los recuerdos.

Rubén vive hoy en día en la ciudad de Morelos - México, con su esposa y su hijo recién nacido disfrutando de una felicidad que yo comparto y hasta a veces envidio. Yo en cambio hasta el día de hoy sigo buscando ese "no se que" que aún no lo encuentro, pero en cada paso que doy me alienta la esperanza de encontrar "algo mejor" cada día, pero que definitivamente nos es una mujer... al menos por ahora.

- Aquí les dejo un video con el cual me identifico a veces, cuando me acuerdo que mi destino es mas grande que lo obstáculos que tengo en el camino. -



El video de la verdad