A lo que mas temí en el viaje fue a la soledad y que ésta aplacara mis ímpetus aventureros. Por lo menos quería la compañía de alguien para poder compartir el viaje o para tener con quien conversar durante el camino.
La aventura supo casi a la perfección que yo aún no estaba preparado para estar solo, y quizá pór ello, cuando me encontraba en la autopista Panamericana Sur dirigiéndome hacia Cañete, el fallido intento de asalto por dos sujetos que quisieron tumbarme de la bicicleta, me pusieron en sobreaviso a que con ello iba a liar todo el tiempo, así que era mejor estar preparado para las sorpresas del camino.
La aventura supo casi a la perfección que yo aún no estaba preparado para estar solo, y quizá pór ello, cuando me encontraba en la autopista Panamericana Sur dirigiéndome hacia Cañete, el fallido intento de asalto por dos sujetos que quisieron tumbarme de la bicicleta, me pusieron en sobreaviso a que con ello iba a liar todo el tiempo, así que era mejor estar preparado para las sorpresas del camino.
No obstante se me vino al a mente una frase que me dijera Ubi y que tenía que ver mucho con este momento: “Cuando uno desea las cosas con muchas fuerzas y optimismo, estas aparecen cuando menos te lo esperas”. Y no se equivovó, ya que mis deseos se concedieron a la altura del balneario de Punta hermosa, conociendo de manera fortuita a tres ciclistas quienes se detuvieron porque uno de ellos había pinchado una cubierta. Por coincidencia ellos también se dirigían hacia Cañete, así que Jimmy, Harry, y Henry - como así se llamaban - se convirtieron en aquel día mis compañeros enventuales de viaje.
Ese día, cayó en feriado de semana santa, y ya después de haber pedaleado por 13 horas, y la luz del sol se dejo caer en el horizonte, la ocuridad nos hizo guarecer acampando en las playas de Cerro Azul, a unos 144 km de Lima, lugar que de por sierto estuvo abarrotado de campistas que coincidieron con la idea de buscar el mismo lugar para aprovechar el feriado largo. A pesar de la guardianía que ofrecía el municipio del lugar, los robos no se hacían esperar, por lo que decidimos desmostar nuestra bicicletas y dormir con ellas, cada uno dentro de nuestras carpas.
A la mañana siguiente, continuamos juntos el tramo de 11 km. que nos falto recorrer la noche anterior para llegar a Cañete, lugar en donde finalmente nos separamos, y supe que a partir de allí continuaría el viaje solo, o al menos hasta que llegara a Chincha o Pisco, en donde mi familia ya estaba enterada de mi llegada. Por primera vez sentí que me enfrentaba al miedo y a los fantasmas de la adversidad, y no hice otra cosa que mirar hacia el frente sin pensar en otra cosa que no sea llegar lo mas lejos que yo pueda.
Después de atravezar el desierto Iqueño que me ofreció 550 Km. de paisaje árido, a excepción de algunos valles o pequeños poblados en los cuales solo me detenía para comer o abastecer agua, me tocaría llegar a Nazca, lugar en donde empezaría el ascenso desde los 100 msnm, subiendo la cordillera empinada que me llevo hasta Pampa Galeras, lugar en el cual por primera vez en mi vida supe lo que sería la soledad extrema, el drio inminete, y la magia de estar en pleno contacto con los "Apus" y el altiplano de los Andes que los alberga, me hicieron sentir el hombre mas afortunado de la tierra, y dormí a la interperie por primera vez, tendiendo mi carpa a unos 500 mts. de la carretera.
Después pasaría por Puquio y Abancay, para llegar después quince días de pedaleo a la ciudad de Cuzco, ubicada a unos 3200 msnm. Aqui en el "Ombligo del mundo" terminé por acostumbrarme a las sorpresas del camino, ya que mientras le daba unas vueltas a la ciudad, en la plaza de armas escucharía una voz de alguien que llamaba mi nombre, voz que me pareció muy familiar. Era inevitable no conocer esa figura que se me acercaba a toda velocidad en su bicicleta, sus cabellos largos, y su sonrisa burlona: Se trataba de Ubi, quien metros antes me había reconocido y como loco cruzaba la pista para darme un abrazo.
- Orale Wey¡, ¿Que haces aquí? – Me dijo esbozando una gran sonrisa.
- ¿tu que mierda haces aquí? Te creí en Argentina – respondí burlonamente
- Me voy para Bolivia en cinco días –
- Yo también huevon! – le volví a responder con entusiasmo.
- ¿Entonces nos vamos juntos? –
- Sale y vale! – le respondí en acento mexicano.
- Orale Wey¡, ¿Que haces aquí? – Me dijo esbozando una gran sonrisa.
- ¿tu que mierda haces aquí? Te creí en Argentina – respondí burlonamente
- Me voy para Bolivia en cinco días –
- Yo también huevon! – le volví a responder con entusiasmo.
- ¿Entonces nos vamos juntos? –
- Sale y vale! – le respondí en acento mexicano.



